La felicidad será para el justo y la ruina para los impíos.
“No te escandalices al ver el éxito de los malos, ni los envidies.” Este salmo desarrolla la enseñanza de los sabios de Israel: ni el poder, ni la riqueza dan acceso a la herencia que Dios promete a sus hijos.
1No te acalores pensando en los malos ni envidies a los que cometen maldad.
2Muy pronto se marchitarán como la hierba, se secarán como el verdor de los prados.
3Confía en el Señor y haz el bien, habita en tu tierra y come tranquilo.
4Pon tu alegría en el Señor, él te dará lo que ansió tu corazón.
5Encomienda al Señor tus empresas, confía en él que lo hará bien.
6Hará brillar tus méritos como la luz y tus derechos como el sol del mediodía.
7Cállate ante el Señor y espéralo; no te indignes por el aprovechador, 14_cpor el que atropella al pobre y al pequeño.
8Calma tu enojo, renuncia al rencor, no te exasperes, que te haría mal.
9Pues los malvados serán extirpados y tendrán la tierra los que esperan al Señor.
10Sólo un momento y ya no está el impío, si buscas dónde estaba ya no lo encontrarás.
11Los humildes heredarán la tierra y será grande su prosperidad.
12El malo conspira contra el justo, y rechina los dientes contra él.
13Pero el Señor se burla de él, porque ve que le llega su hora.
14Han desenvainado la espada los malvados y tensado su arco para matar al justo.
15Pero su espada les traspasa el corazón y sus arcos se rompen.
16Al que es justo le va mejor con poco que al malvado con toda su riqueza.
17Porque al malo le quebrarán los brazos, en cambio a los justos los apoya el Señor.
18El Señor cuida los días de los buenos, su herencia será eterna.
19Cuando haya escasez no tendrán problemas y tendrán qué comer cuando arrecie el hambre.
20Pero los impíos perecerán y sus hijos mendigarán el pan.
Los que odian al Señor desaparecen como flores del prado, y se desvanecen como el humo.
21El impío pide fiado y no devuelve, pero el justo es compasivo y comparte.
22Los que él bendice poseerán la tierra, y los que él maldice serán eliminados.
23El Señor guía los pasos del hombre; lo afirma si le gusta su conducta.
24Si el bueno cae, no se queda en tierra, porque el Señor lo tiene de la mano.
25Fui joven y ahora soy viejo, pero nunca vi a un justo abandonado.
26No se ha cansado de dar y prestar: en sus hijos se notará la bendición.
27Apártate del mal y haz el bien, y tendrás una casa para siempre.
28Porque el Señor ama lo que es justo y no abandona jamás a sus amigos.
Los pecadores perecerán para siempre y se acabará la raza de los malos.
29Los justos poseerán la tierra y habitarán en ella para siempre.
30Medita el justo los dichos de los sabios y si habla, expresa lo que es justo.
31Con la ley del Señor en su corazón, sus pasos no vacilan.
32El malvado anda espiando al justo y trata siempre de darle muerte.
33Pero el Señor no lo deja en sus manos ni permite que sus jueces lo condenen.
34Espera en el Señor y sigue su camino, él te librará de los impíos, y te mantendrá hasta que heredes la tierra; presenciarás la caída de los malos.
35He visto al impío, vuelto tirano, elevarse como un cedro del Líbano.
36Pasé de nuevo, pero ya no estaba; lo busqué, pero no lo encontré.
37Observa al perfecto, mira al hombre recto: toda una posteridad tendrá el hombre de paz.
38Los pecadores, en cambio, de una vez se irán, la raza de los malos será exterminada.
39La salvación de los justos viene del Señor, él es su refugio en tiempos de angustia.
40El Señor los ayuda y los libera, salva a cuantos confiaron en él.
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Mateo 5, 11 Bienaventurados ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes.
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2 Timoteo 4 Te ruego delante de Dios y de Cristo Jesús, juez de vivos y muertos, que ha de venir y reinar, y te digo: predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, rebatiendo, amenazando o aconsejando, siempre con paciencia y dejando una doctrina. Pues llegará un tiempo en que los hombres ya no soportarán la sana doctrina, sino que se buscarán maestros a su gusto, hábiles en captar su atención; cerrarán los oídos a la verdad y se volverán hacia puros cuentos.
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2 Corintios 11 ¿Por qué? ¿Acaso porque no los amo? ¡Dios lo sabe! Pero lo hago y lo seguiré haciendo para quitar toda posibilidad a los que buscan como competir conmigo y pasar por iguales a mi. En realidad son falsos apóstoles, engañadores disfrazados de apóstoles de Cristo. Y no hay que maravillarse, pues si Satanás se disfraza de angel de luz, no es mucho que sus servidores se disfracen también de servidores del bien. Pero el fin será el que merecen sus obras.
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2 Timoteo 3 Has de saber que en los últimos días habrá momentos difíciles. En efecto, los hombres serán egoistas, amantes del dinero, farsantes, orgullosos, chismosos, rebeldes con sus padres, ingratos, sin respeto a la religión. No tendrán cariño, ni sabrán perdonar, serán calumniadores, desenfrenados, crueles, enemigos del bien, traidores, sinverguenzas, llenos de orgullo, más amigos de los placeres que de Dios. Ostentarán apariencias de piedad, pero rechazarán sus exigencias. Evita a esa gente.
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Galatas 5 13-26
¿Cual es la verdadera libertad?
LA VERDADERA LIBERTADNuestra vocación, hermanos, es la libertad. No esa libertad que encubre los deseos de la carne, sino del amor por el que nos hacemos esclavos unos de otros. Pues la Ley entera se resume en una frase: Amarás al prójimo como a ti mismo.. Pero si se muerden y se devoran unos a otros, ¡cuidado! que llegarán a perderse todos.
Por eso les digo: caminen según el espíritu y así no realizarán los deseos de la carne. Pues los deseos de la carne se oponen al espíritu y los deseos del espíritu se oponen a la carne. Los dos se contraponen, de suerte que ustedes no pueden obrar como quisieran. Pero dejarse guiar por el Espíritu no significa someterse a la Ley.
Es fácil reconocer lo que provienen de la carne: libertad sexual, impurezas y desverguenzas; culto a los ídolos y magia, odios, ira y violencias; celos, furores, ambiciones, divisiones, sectarismo y envidias; borracheras, orgías y cosas semejantes. Les he dicho, y se los repito: los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.
En cambio, el fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de si mismo. Estas son cosas que no condena ninguna Ley.
Los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus impulsos y deseo. Si ahora vivimos según el espíritu, dejémonos guiar por el Espíritu; depongamos toda vanagloria, dejémonos de ser más que los demás y de ser celosos.