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Archive for the ‘Historia’ Category

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La primera vez que un Papa visita Capitol Hill: en el mundo golpeado por conflictos y fundamentalismo no hay que simplificar la realidad viendo solo buenos o malos. Que la política no se someta a la economía y a las finanzas. No nos espantemos por el número de inmigrantes, sino veamos sus rostros. Hay que defender la vida humana «en cada fase de su desarrollo»; la pena de muerte debe ser abolida. Mayores esfuerzos para combatir la pobreza y frenar el comercio de armas. Es necesario ayudar a la familia «amenazada, quizás, como nunca»

ANDREA TORNIELLI
Washington

Frente al mundo golpeado por los conflictos y el fundamentalismo, no hay que cometer el error de simplificar la realidad viendo solo ‘buenos’ y ‘malos’. La política no puede someterse a la economía y a las finanzas. No debemos dejarnos espantar por el número de inmigrantes, sino ver sus rostros. La vida humana debe ser defendida «en cada fase de su desarrollo», hay que abolir la pena de muerte. Mayores esfuerzos para combatir la pobreza en el mundo, sin olvidar a los pobres que viven fuera de nuestras casas. Hay que proseguir por el camino de reconciliación ya emprendido entre Estados Unidos y Cuba, dialogando y construyendo puentes. Para poner fin a los conflictos, hay que detener el comercio de armas. Es necesario ayudar a la familia «amenazada, quizás, como nunca».

Los cuatro modelos
Es una agenda que refleja los valores de los padres fundadores de la nación la que los miembros del Congreso escucharon de boca de Papa Francisco esta mañana en Washington, durante un largo y apasionado discurso. El primer Papa invitado a hablar en Capitol Hill trató de hablar directamente al corazón de Estados Unidos, proponiendo los modelos de cuatro grandes hijos suyos: «Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad», como hizo el presidente Abraham Lincoln, «cuando genera una cultura que permita a sus hombres ‘soñar’ con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King»; cuando «lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo» del padre Thomas Merton.

Según la tradición, Francisco fue acompañado en el hemiciclo por el «speaker» del Congreso, John Andrew Boehner. Al tomar la palabra, el Pontífice dijo que él también es «hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común». Y recordó que «la actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo», especialmente a los más vulnerables. «Quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos», insistió, para «dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y, poco a poco, conseguir una vida mejor para los suyos».

No dividir el mundo entre ‘buenos’ y ‘malos’

El mundo, dijo, es «es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Ninguna religión «es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere». Pero, al mismo tiempo, hay que tener cuidado con otra tentación, advirtió Francisco: «el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores». Es esta simplificación la que, en lugar de reconocer la complejidad del mundo, lo divide a toda prisa dos facciones: «El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos. Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: ‘No’».

La respuesta correcta para resolver las crisis «económicas y geopolíticas de hoy» es la de «devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos». También en Estados Unidos es importante «que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada», porque es un «potente instrumento» en la lucha contra «nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales».

Que la política no esté al servicio de la economía y de las finanzas
Después de haber citado la Declaración de Independencia, Francisco observó: «si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social».

Los rostros de los migrantes: «Muchos de nosotros éramos extranjeros»
Pensando en Martin Luther King y en su «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos, el Papa añadió: «En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes». Francisco recordó que «trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados», y reafirmó su «más alta estima y reconocimiento» por los indígenas americanos. «Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos», pero, cuando el extranjero en medio de nosotros nos llama, no debemos repetir los pecados ni los errores del pasado.

Fue una alusión fuerte a los inmigrantes que tratan de entrar por la frontera con México; también en este continente hay «miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste».

Proteger la vida, abolir la pena de muerte
El Papa citó la «regla de oro» evangélica: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes». Una norma que indica una clara dirección. Hay que «tratar a los demás con la misma pasión y compasión con la que querríamos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades». Después Francisco habló sobre la «responsabilidad de proteger la vida en cualquier fase de su desarrollo» y sobre el compromiso para abolir la pena de muerte, como piden también los obispos del país.

La lucha contra la pobreza y la defensa del medio ambiente
En relación con la lucha contra la pobreza extrema, el Papa reconoce que se ha hecho mucho, pero dijo que «todavía se debe hacer mucho más», recordando «cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza». Y esta lucha debe ser afrontada con intervenciones principalmente en sus causas. Bergoglio dedicó gran espacio al uso correcto «de los recursos naturales», a la apropiada «aplicación de soluciones tecnológicas» y a la capacidad de orientar bien «el espíritu emprendedor», para construir «una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. Hay que hacer, insistió Bergoglio, un esfuerzo «valiente y responsable» para cambiar de dirección y evitar «las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana». El Papa dijo confiar en el papel del Congreso y en el aporte de las instituciones de investigación y académicas de Estados Unidos.

Diálogo y reconciliación
Francisco, con una referencia implícita al «deshielo» con Cuba (también aplicable al tratado sobre la energía nuclear con Irán), reconoció los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado». Cuando «países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad». Un buen líder político, subrayó, es el que, «teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios».

Basta de guerras y comercio de armas
Estar al servicio del diálogo y de la paz «significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas».

Apoyar a la familia amenazada
Y al final, la familia. «¡Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País! Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento -exclamo el Papa. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia».

Discurso al Congreso de Estados Unidos Papa Francisco

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La Iglesia hoy | sección

Francisco en la fiesta de la Epifaní­a: Custodiemos la fe con la santa ‘astucia’

En la solemnidad de la Epifanía del Señor, el papa Francisco ha celebrado esta mañana, a las 10 horas, la Santa Misa en la basílica vaticana.

A continuación les ofrecemos el texto completo de la homilía que el santo padre ha pronunciado después de la proclamación del Evangelio y el anuncio del día de Pascua, que este año se celebrará el 20 de abril.

«Lumen requirunt lumine». Esta sugerente expresión de un himno litúrgico de la Epifanía se refiere a la experiencia de los Magos: siguiendo una luz, buscan la Luz. La estrella que aparece en el cielo enciende en su mente y en su corazón una luz que los lleva a buscar la gran Luz de Cristo. Los Magos siguen fielmente aquella luz que los ilumina interiormente y encuentran al Señor.

En este recorrido que hacen los Magos de Oriente está simbolizado el destino de todo hombre: nuestra vida es un camino, iluminados por luces que nos permiten entrever el sendero, hasta encontrar la plenitud de la verdad y del amor, que nosotros cristianos reconocemos en Jesús, Luz del mundo. Y todo hombre, como los Magos, tiene a disposición dos grandes “libros” de los que sacar los signos para orientarse en su peregrinación: el libro de la creación y el libro de las Sagradas Escrituras. Lo importante es estar atentos, vigilantes, escuchar a Dios que nos habla. Como dice el Salmo, refiriéndose a la Ley del Señor: «Lámpara es tu palabra para mis pasos, / luz en mi sendero» (Sal 119,105). Sobre todo, escuchar el Evangelio, leerlo, meditarlo y convertirlo en alimento espiritual nos permite encontrar a Jesús vivo, hacer experiencia de Él y de su amor.

En la primera Lectura resuena, por boca del profeta Isaías, el llamado de Dios a Jerusalén: «¡Levántate, brilla!» (60,1). Jerusalén está llamada a ser la ciudad de la luz, que refleja en el mundo la luz de Dios y ayuda a los hombres a seguir sus caminos. Ésta es la vocación y la misión del Pueblo de Dios en el mundo. Pero Jerusalén puede desatender esta llamada del Señor. Nos dice el Evangelio que los Magos, cuando llegaron a Jerusalén, de momento perdieron de vista la estrella. No la veían más.

En especial, su luz falta en el palacio del rey Herodes: aquella mansión es tenebrosa, en ella reinan la oscuridad, la desconfianza, el miedo. De hecho, Herodes se muestra receloso e inquieto por el nacimiento de un frágil Niño, al que ve como un rival. En realidad, Jesús no ha venido a derrocarlo a él, ridículo fantoche, sino al Príncipe de este mundo. Sin embargo, el rey y sus consejeros sienten que el entramado de su poder se resquebraja, temen que cambien las reglas de juego, que las apariencias queden desenmascaradas. Todo un mundo edificado sobre el poder, el prestigio y el tener, entra en crisis por un Niño. Y Herodes llega incluso a matar a los niños: «Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón» – escribe san Quodvultdeus (Sermón 2 sobre el SímboloPL 40, 655). Es así. Tenía miedo y, por este miedo, ha enloquecido.

Los Magos consiguieron superar aquel momento crítico de oscuridad en el palacio de Herodes, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra de los profetas que señalaba Belén como el lugar donde había de nacer el Mesías. Así escaparon al letargo de la noche del mundo, reemprendieron su camino y de pronto vieron nuevamente la estrella, llenándose de «inmensa alegría» (Mt 2,10).

Un aspecto de la luz que nos guía en el camino de la fe es también la santa “astucia”, que también es una virtud. Ellos, con esta santa astucia, han custodiado la fe. También nosotros debemos custodiar la fe ante una oscuridad disfrazada de luz. El demonio se viste de ángel de luz muchas veces. A nosotros nos toca custodiar la fe de los cantos de sirena. La fe es una gracia y un don. Nos toca custodiarla con la santa astucia, con la oración y con la caridad. Se trata de esa sagacidad espiritual que nos permite reconocer los peligros y evitarlos. Los Magos supieron usar esta luz de “astucia” cuando, de regreso a su tierra, decidieron no pasar por el palacio tenebroso de Herodes, sino marchar por otro camino. Estos sabios venidos de Oriente nos enseñan a no caer en las asechanzas de las tinieblas y a defendernos de la oscuridad que pretende cubrir nuestra vida. Es necesario acoger en nuestro corazón la luz de Dios y, al mismo tiempo, practicar aquella astucia espiritual que sabe armonizar la sencillez con la sagacidad, como Jesús pide a sus discípulos: «Sean sagaces como serpientes y simples como palomas» (Mt 10,16).

En esta fiesta de la Epifanía, que nos recuerda la manifestación de Jesús a la humanidad en el rostro de un Niño, sintamos cerca a los Magos, como sabios compañeros de camino. Su ejemplo nos anima a levantar los ojos a la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón. Nos enseñan a no contentarnos con una vida mediocre, de “poco calado”, sino a dejarnos fascinar siempre por la bondad, la verdad, la belleza… por Dios, que es todo eso en modo siempre mayor. Y nos enseñan a no dejarnos engañar por las apariencias, por aquello que para el mundo es grande, sabio, poderoso. No nos podemos quedar ahí. No podemos contentarnos con las apariencias, con la fachada. Tenemos que ir más allá, hacia Belén, allí donde en la sencillez de una casa de la periferia, entre una mamá y un papá llenos de amor y de fe, resplandece el Sol que nace de lo alto, el Rey del universo. A ejemplo de los Magos, con nuestras pequeñas luces buscamos la Luz. Busquemos la Luz y custodiemos la fe. Así sea.

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Sodoma y Gomorra

Sodoma y Gomorra
De http://www.cruzadadelrosario.org.ar
Hace cuatromil años se alzaban cerca del Mar Muerto cinco ciudades
cananeas que fueron célebres por sus pecados y las abominaciones.
Perversiones de todo tipo, como la sodomía, la pedofilia y los
sacrificios humanos eran cosa común entre sus habitantes razón por
la cual el Señor decidió destruirlas por medio del fuego y el azufre.

Según refiere el Génesis, después que Abraham salió de Egipto, su sobrino Lot, que le acompañaba se estableció en Sodoma, una de las cinco ciudades del Valle de Sidim célebre y estratégica encrucijada entre los pueblos de Moab y Edom. Las ciudades eran paso y escala de largas caravanas que repletas de mercaderías, iban y venían desde Siria a Madian y de Caldea al Nilo.

Antros de perversión
Sodoma y Gomorra, como Adama, Seboím y Segor fueron célebres en su tiempo por la bajeza y los vicios de sus habitantes. Allí se practicaban depravaciones tales como la homosexualidad, la sodomía, el lesbianismo, la zoofilia, la necrofilia y hasta los sacrificios humanos, el sadomasoquismo y las torturas por mero placer.

Resulta extraño que Lot hubiese escogido ese lugar para establecerse con su familia pero esa fue la voluntad de Dios y allí vivió con los suyos, prácticamente aislado del resto de la población.

Dios anuncia la destrucción de Sodoma y Gomorra
Tan graves eran el vicio y la corrupción en las ciudades de Sidim, que el Señor decidió castigarlas, haciéndolas desaparecer de la faz de la Tierra. Y mandando llamar a Abraham le dijo: “El clamor de Sodoma y de Gomorra aumenta […] y la gravedad de sus pecados ha subido hasta lo sumo. Quiero ir y ver si sus obras igualan al clamor que ha llegado a mis oídos, para saber si es así o no”1.

Y vio el Altísimo lo que allí ocurría y decidió castigar a esas ciudades borrándolas de la superficie con todos sus habitantes.

Abraham intercede por Sodoma
Al conocer Abraham las intenciones de Dios, clamó suplicando por los justos que allí vivían. ¿Por ventura, destruirías al justo por el impío? Si se hallaren cincuenta justos en esa ciudad, ¿han de perecer ellos también?. A lo que respondió el Creador: “Si Yo hallare cincuenta justos en medio de la ciudad de Sodoma, perdonaré a todo el pueblo por amor a ellos”.
Al no encontrar esa cifra, cuatro veces más insistió el patriarca, reduciendo el número de personas a diez.“Ruégote Señor… no te irrites, si aún hablare esta sola vez: ¿y si se hallaren allí diez? A lo que respondió [Dios]: No la destruiré por amor a esos diez”3.

Enviados de Dios
Pero a excepción de Lot y su familia, no había una sola persona digna en ninguna de aquellas ciudades, por lo que Dios Todopoderoso envió a la casa de aquel a dos de sus ángeles con la advertencia de que debía abandonar la ciudad lo antes posible porque la misma iba a ser destruida.

Los dos enviados llegaron al atardecer, cuando Lot se hallaba sentado a las puertas de la ciudad. Cuando los vio venir, se levantó y se dirigió hacia ellos, postrándose a sus pies en señal de adoración. “Os ruego señores que vengais a la casa de vuestro siervo, y os hospedéis en ella. Lavareis vuestros pies y de madrugada proseguiréis vuestro viaje”. Pero ellos le respondieron: “No, pues nos quedaremos en la plaza”4.

Lot condujo a los ángeles hasta su morada y allí los alojó, disponiendo un banquete y cocinando panes sin levadura. Esa noche cenaron, después de orar y agradecer al Señor todas sus bondades.

La salvación de Lot
Ocurrió que los habitantes de Sodoma, desde el más joven al mas anciano, supieron que en casa de Lot se alojaban dos extranjeros y se encaminaron a ella con aviesas intenciones. Una vez frente a su puerta, la turba, que deseaba practicar abominaciones con los recién llegados, exigió a Lot la entrega de los mismos. “¿En donde están aquellos hombres que al anochecer han entrado a tu casa? Sácalos acá afuera para que los conozcamos”. Al escucharlos salió Lot y cerrando detrás suyo la puerta, le habló a la multitud. “No queráis, os ruego, hermanos míos, no queráis cometer esta maldad. Dos hijas tengo, que todavía son doncellas; las sacaré afuera, y haced con ellas lo que gustareis, con tal que no hagáis mal alguno a estos hombres, ya que se acogieron a la sombra de mi techo”5. Pero aquellos perversos, movidos por sus instintos, respondieron: “Vinisteis a vivir entre nosotros como extranjero, ¿y queréis ya gobernar?, pues a ti te trataremos peor que a ellos”6. Y se arrojaron sobre Lot con gran violencia, forcejeándolo y golpeándolo con furia. Entonces, los ángeles del Señor abrieron la puerta, extendieron sus brazos e introdujeron a su anfitrión dentro, preservándolo de la violencia de la turba. Y entonces hirieron a los de afuera con un fortísimo rayo de luz que los dejó ciegos.
“¿Tienes aquí a alguno de los vuestros? –le preguntaron a Lot- Yernos, hijos o hijas, a todos sácalos de esta ciudad; porque vamos a arrasar este lugar, por cuanto su clamor ha subido de punto en la presencia del Señor, el cual nos ha enviado a exterminarlos”7.

La destrucción de Sodoma y Gomorra
Se apresuró Lot a advertir a los suyos de lo que iba a ocurrir, instándolos a abandonar la ciudad. Pero los prometidos de sus hijas no le creyeron y se quedaron. Y entonces, al despuntar el alba, los ángeles le volvieron a hablar: “Apresúrate, toma a tu mujer y a las dos hijas que tenéis; no sea que tu también perezcas en esta ciudad malvada”8 y viendo que se demoraba, lo tomaron de la mano tanto a él como a su esposa y las dos muchachas y los sacaron de la ciudad porque era un hecho que el Todopoderoso quería salvarles.
“Salva tu vida; no mires hacia atrás ni te pares en toda la región circunvecina, sino ponte a salvo en el monte, no sea que también tú perezcas juntamente con los otros”9.

Corrió presurosa la familia de Lot en dirección al monte indicado, mientras pensaba en la terrible advertencia que le habían dado los ángeles: bajo ningún punto de vista mirar hacia atrás. Y al ver que no llegarían, Lot alzó los brazos y exclamó: “Ruégote, Señor mío, pues tu siervo ha encontrado gracia en tus ojos, y has mostrado conmigo tan gran misericordia, poniendo a salvo mi vida, ya que no puedo arribar al monte, antes que quizá me alcance el azote,y muera: Ahí cerca está una ciudad pequeña donde podré refugiarme y en ella me salvaré”10.

La ciudad en cuestión era la pecadora Segor a la que Dios también pensaba destruir pero al pedírsela Lot como refugio y ser aquella extremadamente pequeña y de poca importancia, accedió. “Mira, aún en esto te otorgo la súplica: no destruiré la ciudad por la cual me has hablado. Date prisa, y sálvate allí; pues nada podré hacer hasta que tú entres en ella11.

Echaron a andar Lot y su familia en dirección a Segor y transitaban ya dentro de la comarca que circundaba la ciudad cuando un pavoroso estruendo sacudió la tierra. Fue entonces que de los cielos llovieron fuego y azufre y escalofriantes estallidos retumbaron por todo Sidim. Entonces, la esposa de Lot volvió su vista hacia Sodoma y al hacerlo, quedó convertida en estatua de sal.

Vestigios de la catástrofe
Al día siguiente, muy de mañana, fue Abraham al sitio donde había intercedido ante el Señor y miró hacia el valle donde habían estado Sodoma y Gomorra y vio que desde ellas se alzaban hacia el firmamento siniestras llamas y negras columnas de humo, lo mismo que en Adama y Seboím. Y solo Segor se salvó por haberse refugiado allí Lot con sus hijas. Y ocurrió entonces que las aguas del Mar Muerto crecieron y cubrieron para siempre el valle de Sidim, desapareciendo con ellas todo vestigio de tan perversos y pecaminosos lugares.

Justicia Divina
Hoy yacen bajo las aguas del sector meridional del Mar Muerto, las huellas de lo que alguna vez fueron el epicentro de la bajeza, la lujuria y el pecado; donde se practicaron aberraciones como el aborto, la sodomía y las uniones entre personas del mismo sexo, ofensas que el Señor castigó no sin antes salvar a los justos y a aquellos que transitan el camino del bien.

Notas:
1- Gn. 18, 20-21
2- Gn. 18, 24-26
3- Gn. 18, 32-33
4- Gn. 19, 1-2
5- Gn. 19, 4-8
6- Gn. 19, 9
7- Gn. 19, 12-13
8- Gn. 19, 15
9- Gn. 19, 9
10- Gn. 19, 18-20
11- Gn. 19, 21-22

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Virgen de la Providencia

Virgen de la Providencia

Patrona de Puerto Rico

La imagen fue realizada en Barcelona, en ella la Virgen esta sentada y tiene al Niño dormido angelicalmente sobre su falda

En la mitad del siglo XIX fue nombrado obispo de Puerto Rico, Monseñor Gil Esteve y Tomás, este hombre era español, de Cataluña y llevo consigo a la isla la devoción a Nuestra Señora de la Divina Providencia, esta advocación tiene su origen en Italia, surgió en el siglo XIII y tiempo después paso a España, donde se creo un santuario en Tarragona, Cataluña. El obispo Gil Esteve puso gran empeño en fomentar la devoción a la Virgen, reconstruyo la iglesia Catedral, que estaba destruida, y en poco tiempo logro conseguir con ayuda de los fieles recursos para adquirir en Barcelona la Sagrada imagen de la Virgen, le levantó un altar y estableció su culto el día 2 de enero, que quedó designado como su fiesta anual.


La imagen fue realizada en Barcelona, en ella la Virgen esta sentada y tiene al Niño dormido angelicalmente sobre su falda, las manos de María se unen en posición de oración, mientras sostiene la manito izquierda de Jesús, estuvo expuesta al culto en la catedral, hasta 1920 cuando fue sustituida por otra talla, que es la imagen de Nuestra Señora de la Divina Providencia más conocida por el pueblo puertorriqueño.

La imagen original venerada por los Siervos de María y otras órdenes religiosas italianas, es un óleo en el que aparece la Virgen con el Niño Jesús dormido plácidamente en sus brazos.

La isla de Puerto Rico (llamada por los indígenas “Borinquén”), fue descubierta el 19 de noviembre de 1493, cuando Colón desembarco en ella durante su segundo viaje. Por tal motivo dicha fecha fue elegida para su solemnidad en 1969, cuando S. S. Pablo VI declaró a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como patrona principal de la isla de Puerto Rico, en el decreto del Papa se indicaba que la fecha de la Virgen debía trasladarse del dos de enero (aniversario de la llegada de la imagen a la isla), al 19 de noviembre, uniendo de esa forma la veneración a la Santísima patrona, con el descubrimiento de la isla.

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