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Archive for the ‘Mensaje’ Category

Por: Celso Júlio da Silva LC | Fuente: Catholic.net 

Cuatro años han pasado desde mi estancia en aquella vieja Salamanca, España. Y recuerdo que el periodo más hermoso era la Navidad. Qué deleite para mis oídos cuando escuché por primera vez aquel “En Belén” poético que enternece el corazón. La melodía parece apresurarnos hacia Belén, a la vez que nos invita a contemplar con dulzura al Niño Dios que duerme en el remanso del regazo de la Virgen María.

Hoy- pensándolo bien- hay una frase de aquella canción que resume espléndidamente la Navidad: “es un trozo de cielo que se enciende en mi hogar”. Trocito de cielo que abraza la tierra en la carne tierna del Hijo de Dios. Sin embargo, la Navidad es trozo de tantas cosas más que captamos sólo contemplando al Niño Dios. 

1. Un trozo de cielo: Belén es el escenario escogido para el aterrizaje del Cielo en la tierra. Dios llega a la tierra. No viene con pasaporte de turista. No es uno más que pasa por este mundo y se marcha, desentendiéndose. Dios viene con pasaporte de hombre, con identificación de Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Viene para ser uno de nosotros. Dios entre hombres. Nunca el Cielo estuvo tan metido en el regazo de la tierra.

San Gregorio Magno dice que la hermosura de la Navidad está en el maravilloso hecho de que Dios va asumiendo las estrecheces de ese viaje a la tierra. Se trata de un camino que se va estrechando cada vez más a medida en que el Cielo se va adentrando en las entrañas de la tierra. Del trono del cielo a la estrechez de las entrañas de María. De las entrañas de María a la estrechez de un pesebre. De un pobre pesebre hasta la estrechez del patíbulo de la cruz. De la cruz a la estrechez de un sepulcro. De un sepulcro a la estrechez de la fe de sus discípulos. Y así Dios fue asumiendo tantas estrecheces que se dejan entrever a lo largo de su paso por este mundo.

Si el Cielo encuentra hospedaje en la tierra eso implica también que el sacrificio sea la nota dominante de tanto amor por los hombres. En esta Navidad pedimos que el Cielo invada nuestros hogares, nuestras familias, nuestros corazones. Pero recordando que para que el Cielo reine entre nosotros es necesario saber aceptar con amor las estrecheces, los retos y las dificultades que la vida nos brinda. Lo vivió Jesús. Queremos vivirlo también nosotros, convirtiéndonos en trocitos de cielo.  

2. Un trozo de pan: Hacia Belén van los que tienen hambre de Dios. No es casualidad que Belén signifique “casa del pan”. Ese pan que es Jesús. Pan cocido en el vientre virginal de María, horno caliente de gracia y de fe. Pan envuelto en pobres pañales, no para no enfriarse dentro de una cueva húmeda, sino para no perder su calor divino delante de la humana frialdad. Pan fresco escondido detrás de los maderos y los serruchos de una carpintería paterna. Pan repartido entre pecadores, enfermos, ciegos, cojos, pobres. Pan que se vuelve migajas para saciar el hambre de quien ni siquiera puede acercarse para probar un trozo de su amor. Pan de Vida que culminará despedazado, pisoteado, aplastado y rechazado en la crueldad de una cruz. Que Jesús es Pan ya lo intuía san Jerónimo con este hermoso fragmento: “¡Feliz el que tiene Belén en su corazón, en el cual Cristo nace cada día! ¿Qué significa entonces “Belén”? Casa del pan. También nosotros somos una casa del pan, de aquel pan que ha bajado del cielo” (San Jerónimo, Comentario al Salmo 95).

¡Oh Belén, casa del Pan! Hoy llegamos a tus afueras para saciar nuestro corazón con el verdadero Pan bajado del Cielo. Que Jesús nos enseñe a volvernos pan para nuestros hermanos. Seguramente hoy hay alguien muy cerca de nosotros con una tremenda hambre de Dios. Una lágrima para ser enjugada. Una mano para ser apretada. Una mirada para ser comprendida. Unos brazos abiertos mendigando un abrazo. Un cuerpo enclenque y sucio solicitando nuestra ayuda. Una cabeza baja sin fuerzas y sin sueños pidiendo nuestra atención y nuestro aliento. Como Jesús podemos ser pan para saciar el hambre de tanta gente que tiene hambre de Dios. Como Él y en Él podemos convertirnos en esta Navidad en trocitos de pan.     

3. Un trozo de acogida: Las posadas están alborotadas de gente. Nadie quiere compromisos con María y José. Dios, cuando llega, “estorba”. No hay lugar porque ya hay tanta gente, tantas cosas, tantos intereses que no son Dios, que ya no cabe en ninguna fonda el divino alumbramiento. Bien poetizó Ramón Cué, S.J. en uno de sus versos: “Todo hubiera empezado de otro modo; las estrellas columpiándose por tus aleros, los ángeles cantando en tus balcones, los reyes perfumando tu patio con incienso, y en tu fonda el divino alumbramiento. Pero: – “No queda sitio, ni una cama; lo tengo todo lleno”. Y Dios pasó de largo. ¡Qué pena, posadero!”.

Pasados tantos siglos la indiferencia ante el paso de Dios por nuestras puertas aún está vigente. Cambian los tiempos y las costumbres, pero la esencia de la acogida no cambia. Jesús pide acogida hoy en el pobre y el enfermo, en el prófugo y el emigrante. En el sin techo y en el desilusionado. Tantas formas ingeniosas de poder acoger a Jesús y los hombres todavía prefieren el sillón de Herodes. Prefieren la comodidad de sus seguridades.

Uno de los Reyes Magos lleva oro al Niño Jesús. Oro porque es Rey. También en esta Navidad queremos dar a Jesús el oro de nuestra acogida, reconociendo su reinado en nuestras almas y en nuestra vida. 

Acoger es comprometerse con Dios en el rostro del hermano, pero ¿quién quiere correr el riesgo del compromiso? “No queda sitio, está todo lleno”. Quien sabe acoger es porque a su vez ha sido acogido. La acogida nace cuando se respira el aire de comunidad y fraternidad. Quien vive solo, egoísta, como el rey Herodes, no tiene la capacidad de adorar y tampoco de acoger.

En esta Navidad pedimos al Niño de Belén que conceda a todos los hombres un trozo de acogida para crear un mundo más sensible a la soledad de tanta gente.      

4. Un trozo de adoración: Desde las afueras de Belén podemos escuchar el bullicio de la gente que está ansiosa con el censo promulgado por Augusto. Aquí en esta cueva reina, en cambio, el silencio. Silencio que incita el alma a la adoración.

San Ignacio de Antioquia, como en una visión, escribe las actitudes de María y de José ante el Niño Dios. José, el protagonista del silencio orante, allí está a un lado, callado y piadoso. El que no se esperaba todavía el regalo de un hijo, acabó por ser padre putativo de Dios bajado del cielo. ¿Entenderlo en las categorías humanas? No. Sólo queda adorar el Misterio que alumbra su mirada paterna. María besa los pies del pequeñuelo porque es su Señor. Acaricia y besa su rostrito porque es su hijo. Y reza en su interior, preguntándose cómo será posible que haya llevado en su seno el Sol brillante de justicia, cómo es que no se haya abrasado de tanto amor y tanta dulzura. Casi ciega ante tanta luz, María tiene los ojos bañados en lágrimas.

De repente se asoman a la cueva unos hombres andrajosos: pastores. No traen nada material para dar a Dios. Sólo traen su presencia humilde. Quieren adorar. Ante este escenario, doblamos nuestras rodillas porque si el Cielo ha visitado la tierra y el Pan ha entrado en el vientre sufriente de este mundo, es porque este Niñito es Dios.

Sólo por hoy queremos llorar de conmoción. Sólo por hoy dejaremos a un lado los afanes y las preocupaciones diarias. Sólo por hoy permitiremos que la eternidad envuelva nuestro tiempo efímero y ajetreado. Sólo por hoy permitiremos que la Vida Eterna inunda con su gracia la lenta muerte de nuestra existencia sobre esta tierra. Los hombres no alcanzan la felicidad porque no saben adorar.

En ese clima de adoración se huele el incienso traído por uno de los Reyes Magos. ¿Qué es este incienso sino el indicativo de que Cristo es Dios y se merece nuestra adoración? Mientras tanto, allá está Herodes en el sillón de su palacio. Egoísta y mezquino. No sabe adorar. ¡Pobre hombre! A los “Herodes” de nuestro tiempo pedimos la gracia de la conversión del corazón en esta Navidad. “Herodes” que no creen, “Herodes” que desprecian a Jesús. A tantos “Herodes” que caminan por nuestras calles pedimos ante el pesebre de Jesús la gracia de algún día hacer un poco de adoración.          

5. Humanidad: El que viene es Dios y es Hombre. Si fuera difícil captar esta gran verdad de fe, basta fijar nuestra atención en uno de los regalos que le deja al Niño Dios uno de los Reyes Magos. Reyes porque traen algo de gran valor de sus tierras. Sabios, -porque guiados por una estrella-, sólo podía ser gente que sabía de astrología. Por tanto, son sabios que traen objetos preciosos, especialmente por el candor del significado de cada objeto.

Uno de ellos trae mirra. Ese aroma amargo que nos dice que el Niño acostado en el pesebre es hombre y como todo hombre pasará por el amargo sufrimiento del dolor y de la muerte. Dios quiere comprender nuestra humanidad no como un espectador indiferente. En Cristo Dios ha abrazado todo el dolor y el llanto de todos los hombres de todas las épocas y culturas.

Ese olorcito de mirra es la concreción de aquello que escribió Terencio muy acertadamente: “Soy hombre y nada de lo humano me es indiferente”. Cristo no vino indiferente, vino con un plan: morir y resucitar por nosotros. Es curioso notar que en algunos mosaicos bizantinos, cuando se representa el Nacimiento, el Niño Dios no está acostado en un pesebre lleno de pajas suaves, sino esta acostado en un pequeño ataúd. Nace para morir- ya lo decían algunos escritores paganos de los primeros siglos- cuando todos los hombres cuando nacen, naturalmente nacen para vivir.

Ante esta realidad, nada tan divino como el Nacimiento en la carne del Hijo de Dios. Eso sí que es humano, porque abraza nuestra realidad. La carne tierna de Jesús es el dulce recipiente de todo el dolor, penas y alegrías de la humanidad. Por ello, la Navidad es también un trozo de humanidad. Pedimos al Señor que ante la mirada inocente y pura del Niño Dios los hombres aprendamos a ser más humanos, más sensibles ante el dolor, el sufrimiento y también los gozos de los demás. ¡Qué la Navidad traiga al mundo un trozo de humanidad!      

6. Un trozo de amor: En esta Navidad nace el Amor. Ese Dios humanado viene para enseñarnos el amor verdadero, el ágape.

Todos los hombres desean amar y ser amados porque es así que su existencia se vuelve don y toma un profundo sentido. Es por ello que el cielo viene cuando existe amor entre los hombres, pues bien atinado escribió Fiodor Dostoievski en su obra Los hermanos Karamazov: “el infierno es el sufrimiento de no poder amar”. Cuando no hay amor, no hay cielo y empieza el infierno.  Por ello, en Cristo que es Amor el hombre también se entiende a si mismo. Ya lo decía san Juan Pablo II en su primera encíclicaRedemptor hominis: “el hombre no puede vivir sin el amor; el hombre sin amor permanece para sí mismo un ser incomprensible”.

En medio de tanto odio, tanta discordia que existe en nuestras familias, comunidades, en definitiva, dentro de nuestro corazón, hoy Dios que es Amor mendiga un trozo de amor humano. Lo mendiga en el prójimo que vive a nuestro lado diariamente y lo mendiga en la soledad de nuestras iglesias, de los muchos sagrarios vacíos de nuestras ciudades y pueblos.

Desde la cuna de Belén el Amor va perfilando en el horizonte humano la belleza salvadora de la cruz que es amor. Un palo vertical hacia el cielo, hacia Dios: amor hacia Dios. Un palo horizontal hacia los dos polos de la tierra: amor hacia el prójimo.

Pidamos al Señor que todos aquellos que aún no han encontrado el sentido de sus vidas y mendigan amores efímeros de esta tierra, descubran en el Amor de la cuna de Belén el don de amar en el don de la renuncia y la entrega, en definitiva, desde la dimensión salvífica de la cruz de Cristo. Sólo en Cristo, el Amor verdadero, el hombre se comprende a si mismo. En esta Navidad queremos ser en Cristo trocitos de su amor por todo el mundo.

Conclusión: La Navidad es ese trozo de tantas cosas que nosotros anhelamos desde lo más íntimo de nuestro corazón. Que el Niño Dios en su pequeñez ilumine nuestras tinieblas para poder así calentar el alma y seguir caminando por el camino de la vida cristiana.

¡Feliz Navidad a todos y un próspero Año Nuevo repleto de bendiciones!  

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No se trata de católicos al poder, se trata de católicos al servicio

Por: Sebastian Campos | Fuente: catholic-link 

No importa del país de donde sea que estés leyendo esto: te tienen rodeado, así que pon atención y cuidado.Estamos experimentando un profunda crisis vocacional dentro de la Iglesia. Y cuando digo Iglesia no me refiero al clero y los consagrados, me refiero a ti y a mi, laicos de a pie, comunes y silvestres de los que vamos a misa y prestamos algún servicio entre la semana, porque no hay vocaciones a servir a los demás en medio de la política y el ambiente social.

Nos tienen rodeados y nos hemos dejado rodear al no ir a las urnas, al no informarnos debidamente, al permitirnos que nos de lo mismo. Entonces ahora, que la olla está que explota de presión miramos al cielo con cara de desesperados, como pidiendo que baje algún político iluminado, que además tenga un gran respaldo ciudadano y cambie todas las cosas.

Te invito a mirar este video y a que reflexionemos juntos sobre algunas ideas y desafíos para nuestras comunidades, para nuestros entornos, pero sobre todo para nosotros mismos.

Hay una mentira que el diablo nos quiere hacer creer: «somos menos y por eso no pesamos en las decisiones». Te dejo un reportaje que muestra que hay el doble de católicos que hace 45 años, no lo vas a poder creer. ¿Dónde está toda esa gente?

No somos menos, pero sí pesamos menos en las decisiones políticas porque no estamos metidos en ellas. Nuestra crisis vocacional consiste en que no estamos interesados en participar en política y estamos sufriendo las consecuencias sociales de esa falta de interés. Las ideologías y corrientes de pensamiento progresista están dándonos duros golpes estos últimos años y lo único que hemos atinado a hacer es salir a marchar por las calles con carteles, rosarios y cruces expresando nuestro desacuerdo y pelearnos con medio mundo a través de las redes sociales. Cosa que no está mal, pero aún se puede hacer más.

Es cierto, tenemos varios políticos católicos en nuestros países, pero no lideran grandes masas de gente y tienen que dar la pelea solos. Ellos son motivo de burla y nosotros pocas veces salimos en su defensa. A los pocos que se atreven, los dejamos solos. Siendo esta la realidad, te propongo desafíos políticos para ir compartiendo con quienes tienes a tu alrededor. Son cosas de la vida cristiana pero que, hechas con un corazón abierto a servir, puede ser semilla de cambio.

1. No se trata de católicos al poder, se trata de católicos al servicio: Nuestra participación activa en política no es para que desde el gobierno se nos dé más plata para nuestros retiros, para que nos den más feriados religiosos o para erradicar todas las ideologías que nos son contrarias. Estamos en política porque buscamos el bien común. Esto es «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (GS 26, 1).

2. Aunque nos caen mal, rezamos por ellos: San Pablo se lo encarga a Timoteo, que seguramente también sufría a causa de políticos que solo buscaban poder y no el bien común, por eso le dijo: «Te ruego que ante todo que hagan peticiones, oraciones, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y todos los que tienen autoridad, para que podamos gozar de una vida tranquila y apacible, plenamente religiosa y digna» (1 Tim 2, 1-2). Si no rezas por ellos, a conciencia y en todo momento (no solo antes de que voten alguna ley inmoral), entonces, ¿qué esperas?.

3. Para que exista democracia debe haber gente que participe: Su traducción desde el griego significa “gobierno de la multitud” o «gobierno de los más». Para que exista entonces, tienen que haber esos “más” o esa “multitud”. La participación no solo es una opción voluntaria (en algunos países) dependiendo de si me gusta o no algún candidato. Es imperativo que nos hagamos parte, que dejemos de pensar que –«este candidato no me gusta, pero este me gusta menos así, que voy a voy votar por el mal menor, el que menos me desagrada»–. No hay mal menores, un mal es un mal y debemos evitarlo y si no hay alguien bueno por quién votar, no es problema de los candidatos, es nuestro.

La Iglesia lo enseña así: «El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad: ninguno está exento de colaborar, según las propias capacidades, en su consecución y desarrollo» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nº167).

Finalmente te dejo con las palabras que nos dirigió el Papa Francisco a los católicos de todo el mundo sobre nuestro rol en la política:

«Ninguno puede decir: “Yo no tengo nada que ver con esto, son ellos los que gobiernan… No, no, yo soy responsable de su gobierno y tengo que hacer lo mejor, para que ellos gobiernen bien y tengo que hacer lo mejor por participar en la política como pueda».

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Por: Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net

Significado de la celebración

El Jueves Santo se celebra:

  •  La Última Cena.
  •  El Lavatorio de los pies,
  •  La institución de la Eucaristía y del Sacerdocio
  • La oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní.

En la mañana de este día, en todas las catedrales de cada diócesis, el obispo reúne a los sacerdotes en torno al altar y, en una Misa solemne, se consagran los Santos Óleos que se usan en los Sacramentos del Bautismo, Confirmación, Orden Sacerdotal y Unción de los Enfermos.

En la Misa vespertina, antes del ofertorio, el sacerdote celebrante toma una toalla y una bandeja con agua y lava los pies de doce varones, recordando el mismo gesto de Jesús con sus apóstoles en la Última Cena.

a)Lecturas bíblicas:

Libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14; Primera carta del apóstol San Pablo a los corintios 11, 23-26; Evangelio según San Juan 13, 1-15.

b)La Eucaristía

Este es el día en que se instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino. Cristo tuvo la Última Cena con sus apóstoles y por el gran amor que nos tiene, se quedó con nosotros en la Eucaristía, para guiarnos en el camino de la salvación.
Todos estamos invitados a celebrar la cena instituida por Jesús. Esta noche santa, Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Revivamos este gran don y comprometámonos a servir a nuestros hermanos.

c)El lavatorio de los pies

Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a servir con humildad y de corazón a los demás. Este es el mejor camino para seguir a Jesús y para demostrarle nuestra fe en Él. Recordar que esta no es la única vez que Jesús nos habla acerca del servicio. Debemos procurar esta virtud para nuestra vida de todos los días. Vivir como servidores unos de otros.

d)La noche en el huerto de los Olivos

Lectura del Evangelio según San Marcos14, 32-42.:
Reflexionemos con Jesús en lo que sentía en estos momentos: su miedo, la angustia ante la muerte, la tristeza por ser traicionado, su soledad, su compromiso por cumplir la voluntad de Dios, su obediencia a Dios Padre y su confianza en Él. Las virtudes que nos enseña Jesús este día, entre otras, son la obediencia, la generosidad y la humildad.

Los monumentos y la visita de las siete iglesias

Se acostumbra, después de la Misa vespertina, hacer un monumento para resaltar la Eucaristía y exponerla de una manera solemne para la adoración de los fieles.
La Iglesia pide dedicar un momento de adoración y de agradecimiento a Jesús, un acompañar a Jesús en la oración del huerto. Es por esta razón que las Iglesias preparan sus monumentos. Este es un día solemne.

En la visita de las siete iglesias o siete templos, se acostumbra llevar a cabo una breve oración en la que se dan gracias al Señor por todo su amor al quedarse con nosotros. Esto se hace en siete templos diferentes y simboliza el ir y venir de Jesús en la noche de la traición. Es a lo que refieren cuando dicen “traerte de Herodes a Pilatos”.

La cena de pascua en tiempos de Jesús

Hace miles de años, los judíos vivían en la tierra de Canaán, pero sobrevino una gran carestía y tuvieron que mudarse a vivir a Egipto, donde el faraón les regaló unas tierras fértiles donde pudieran vivir, gracias a la influencia de un judío llamado José, conocido como El soñador.

Después de muchos años, los israelitas se multiplicaron muchísimo en Egipto y el faraón tuvo miedo de que se rebelaran contra su reino. Ordenó matar a todos los niños varones israelitas, ahogándolos en el río Nilo. Moisés logró sobrevivir a esa matanza, pues su madre lo puso en una canasta en el río y fue recogido por la hija del faraón.
El faraón convirtió en esclavos a los israelitas, encomendándoles los trabajos más pesados.

Dios eligió a Moisés para que liberara a su pueblo de la esclavitud. Como el faraón no accedía a liberarlos, Dios mandó caer diez plagas sobre Egipto.

La última de esas plagas fue la muerte de todos los primogénitos del reino.
Para que la plaga no cayera sobre los israelitas, Dios ordenó a Moisés que cada uno de ellos marcara la puerta de su casa con la sangre de un cordero y le dio instrucciones específicas para ello: En la cena, cada familia debía comerse entero a un cordero asado sin romperle los huesos. No debían dejar nada porque al día siguiente ya no estarían ahí. Para acompañar al cordero debían comerlo con pan ázimo y hierbas amargas. La hierbas amargas ayudarían a que tuvieran menos sed, ya que tendrían que caminar mucho en el desierto. El pan al no tener levadura no se haría duro y lo podían llevar para comer en el camino. Les mandó comer de pie y vestidos de viaje, con todas sus cosas listas, ya que tenían que estar preparados para salir cuando les avisaran.


Al día siguiente, el primogénito del faraón y de cada uno de los egipcios amaneció muerto. Esto hizo que el faraón accediera a dejar a los israelitas en libertad y éstos salieron a toda prisa de Egipto. El faraón pronto se arrepintió de haberlos dejado ir y envió a todo su ejército para traerlos de nuevo. Dios ayudó a su pueblo abriendo las aguas del mar Rojo para que pasaran y las cerró en el momento en que el ejército del faraón intentó pasar.

Desde ese día los judíos empezaron a celebrar la pascua en la primera luna llena de primavera, que fue cuando Dios los ayudó a liberarse de la esclavitud en Egipto.
Pascua quiere decir “paso”, es decir, el paso de la esclavitud a la libertad. El paso de Dios por sus vidas.

Los judíos celebran la pascua con una cena muy parecida a la que tuvieron sus antepasados en la última noche que pasaron en Egipto.

Las fiesta de la pascua se llamaba “Pesaj” y se celebraba en recuerdo de la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Esto lo hacían al llegar la primavera, del 15 al 21 del mes hebreo de Nisán, en la luna llena.

Los elementos que se utilizaban en la cena eran los siguientes:

  • El Cordero: Al salir de Egipto, los judíos sacrificaron un cordero y con su sangre marcaron los dinteles de sus puertas.
  • Karpas: Es una hierba que se baña en agua salada y que recuerda las miserias de los judíos en Egipto.
  • Naror: Es una hierba amarga que simboliza los sufrimientos de los hebreos durante la esclavitud en Egipto. Comían naror para recordar que los egipcios amargaron la vida sus antepasados convirtiéndolos en esclavos.
  • Jarose: Es una mezcla de manzana, nuez, miel, vino y canela que simboliza la mezcla de arcilla que usaron los hebreos en Egipto para las construcciones del faraón.
  • Matzá: Es un pan sin levadura que simboliza el pan que sacaron los hebreos de Egipto que no alcanzó a fermentar por falta de tiempo.
  • Agua salada: Simboliza el camino por el Mar Rojo.
  • Cuatro copas de vino: Simbolizan cuatro expresiones Bíblicas de la liberación de Israel.
  • Siete velas: Alumbran dan luz. Esta simbolizan la venida del Mesías, luz del mundo.

    La cena constaba de ocho partes:

1. Encendido de las luces de la fiesta: El que presidía la celebración encendía las velas, todos permanecían de pie y hacían una oración.

2. La bendición de la fiesta (Kiddush): Se sentaban todos a la mesa. Delante del que presidía la cena, había una gran copa o vasija de vino.
Frente a los demás miembros de la familia había un plato pequeño de agua salada y un plato con matzás, rábano o alguna otra hierba amarga, jaroses y alguna hierba verde.

Se servía la primera copa de vino, la copa de acción de gracias, y les daban a todos los miembros de la familia. Todos bebían la primera copa de vino. Después el sirviente presentaba una vasija, jarra y servilleta al que presidía la celebración, para que se lavara sus manos mientras decía la oración. Se comían la hierba verde, el sirviente llevaba un plato con tres matzás grandes, cada una envuelta en una servilleta. El que presidía la ceremonia desenvolvía la pieza superior y la levantaba en el plato.

3. La historia de la salida de Egipto (Hagadah) Se servían la segunda copa de vino, la copa de Hagadah. Alguien de la familia leía la salida de Egipto del libro del Éxodo, capítulo 12. El sirviente traía el cordero pascual que debía ser macho y sin mancha y se asaba en un asador en forma de cruz y no se le podía romper ningún hueso. Se colocaba delante del que presidía la celebración les preguntaba por el significado de la fiesta de Pesaj. Ellos respondían que era el cordero pascual que nuestros padres sacrificaron al Señor en memoria de la noche en que Yahvé pasó de largo por las casas de nuestros padres en Egipto. Luego tomaba la pieza superior del pan ázimo y lo sostenía en alto. Luego levantaba la hierba amarga.

4.Oración de acción de gracias por la salida de Egipto: El que presidía la ceremonia levantaba su copa y hacía una oración de gracias. Colocaba la copa de vino en su lugar. Todos se ponían de pie y recitaban el salmo 113.

5. La solemne bendición de la comida: Todos se sentaban y se bendecía el pan ázimo y las hierbas amargas. Tomaba primero el pan y lo bendecía. Después rompía la matzá superior en pequeñas porciones y distribuía un trozo a cada uno de los presentes. Ellos lo sostenían en sus manos y decían una oración. Cada persona ponía una porción de hierba amarga y algo de jaroses entre dos trozos de matzá y decían juntos una pequeña oración.

6. La cena pascual: Se llevaba a cabo la cena.

7. Bebida de la tercera copa de vino: la copa de la bendición.- Cuando se terminaban la cena, el que presidía tomaba la mitad grande de la matzá en medio del plato, la partía y la distribuía a todos los ahí reunidos. Todos sostenían la porción de matzá en sus manos mientras el que presidía decía una oración y luego se lo comían. Se les servía la tercera copa de vino, “la copa de la bendición”. Todos se ponían de pie y tomaban la copa de la bendición.

8. Bendición final: Se llenaban las copas por cuarta vez. Esta cuarta copa era la “Copa de Melquisedec”. Todos levantaban sus copas y decían una oración de alabanza a Dios. Se las tomaban y el que presidía la ceremonia concluía la celebración con la antigua bendición del Libro de los Números (6, 24-26).

Día de la Caridad:

En México, los obispos, han establecido que el Jueves Santo sea el día de la caridad. El objetivo de esto no es llevar a cabo una colecta para los pobres, sino mas bien el impulso de seguir el ejemplo de Jesús que compartió todo su ser.

Sugerencias para vivir esta fiesta:

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La primera vez que un Papa visita Capitol Hill: en el mundo golpeado por conflictos y fundamentalismo no hay que simplificar la realidad viendo solo buenos o malos. Que la política no se someta a la economía y a las finanzas. No nos espantemos por el número de inmigrantes, sino veamos sus rostros. Hay que defender la vida humana «en cada fase de su desarrollo»; la pena de muerte debe ser abolida. Mayores esfuerzos para combatir la pobreza y frenar el comercio de armas. Es necesario ayudar a la familia «amenazada, quizás, como nunca»

ANDREA TORNIELLI
Washington

Frente al mundo golpeado por los conflictos y el fundamentalismo, no hay que cometer el error de simplificar la realidad viendo solo ‘buenos’ y ‘malos’. La política no puede someterse a la economía y a las finanzas. No debemos dejarnos espantar por el número de inmigrantes, sino ver sus rostros. La vida humana debe ser defendida «en cada fase de su desarrollo», hay que abolir la pena de muerte. Mayores esfuerzos para combatir la pobreza en el mundo, sin olvidar a los pobres que viven fuera de nuestras casas. Hay que proseguir por el camino de reconciliación ya emprendido entre Estados Unidos y Cuba, dialogando y construyendo puentes. Para poner fin a los conflictos, hay que detener el comercio de armas. Es necesario ayudar a la familia «amenazada, quizás, como nunca».

Los cuatro modelos
Es una agenda que refleja los valores de los padres fundadores de la nación la que los miembros del Congreso escucharon de boca de Papa Francisco esta mañana en Washington, durante un largo y apasionado discurso. El primer Papa invitado a hablar en Capitol Hill trató de hablar directamente al corazón de Estados Unidos, proponiendo los modelos de cuatro grandes hijos suyos: «Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad», como hizo el presidente Abraham Lincoln, «cuando genera una cultura que permita a sus hombres ‘soñar’ con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King»; cuando «lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo» del padre Thomas Merton.

Según la tradición, Francisco fue acompañado en el hemiciclo por el «speaker» del Congreso, John Andrew Boehner. Al tomar la palabra, el Pontífice dijo que él también es «hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común». Y recordó que «la actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo», especialmente a los más vulnerables. «Quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos», insistió, para «dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y, poco a poco, conseguir una vida mejor para los suyos».

No dividir el mundo entre ‘buenos’ y ‘malos’

El mundo, dijo, es «es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Ninguna religión «es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere». Pero, al mismo tiempo, hay que tener cuidado con otra tentación, advirtió Francisco: «el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores». Es esta simplificación la que, en lugar de reconocer la complejidad del mundo, lo divide a toda prisa dos facciones: «El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos. Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: ‘No’».

La respuesta correcta para resolver las crisis «económicas y geopolíticas de hoy» es la de «devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos». También en Estados Unidos es importante «que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada», porque es un «potente instrumento» en la lucha contra «nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales».

Que la política no esté al servicio de la economía y de las finanzas
Después de haber citado la Declaración de Independencia, Francisco observó: «si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social».

Los rostros de los migrantes: «Muchos de nosotros éramos extranjeros»
Pensando en Martin Luther King y en su «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos, el Papa añadió: «En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes». Francisco recordó que «trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados», y reafirmó su «más alta estima y reconocimiento» por los indígenas americanos. «Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos», pero, cuando el extranjero en medio de nosotros nos llama, no debemos repetir los pecados ni los errores del pasado.

Fue una alusión fuerte a los inmigrantes que tratan de entrar por la frontera con México; también en este continente hay «miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste».

Proteger la vida, abolir la pena de muerte
El Papa citó la «regla de oro» evangélica: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes». Una norma que indica una clara dirección. Hay que «tratar a los demás con la misma pasión y compasión con la que querríamos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades». Después Francisco habló sobre la «responsabilidad de proteger la vida en cualquier fase de su desarrollo» y sobre el compromiso para abolir la pena de muerte, como piden también los obispos del país.

La lucha contra la pobreza y la defensa del medio ambiente
En relación con la lucha contra la pobreza extrema, el Papa reconoce que se ha hecho mucho, pero dijo que «todavía se debe hacer mucho más», recordando «cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza». Y esta lucha debe ser afrontada con intervenciones principalmente en sus causas. Bergoglio dedicó gran espacio al uso correcto «de los recursos naturales», a la apropiada «aplicación de soluciones tecnológicas» y a la capacidad de orientar bien «el espíritu emprendedor», para construir «una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. Hay que hacer, insistió Bergoglio, un esfuerzo «valiente y responsable» para cambiar de dirección y evitar «las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana». El Papa dijo confiar en el papel del Congreso y en el aporte de las instituciones de investigación y académicas de Estados Unidos.

Diálogo y reconciliación
Francisco, con una referencia implícita al «deshielo» con Cuba (también aplicable al tratado sobre la energía nuclear con Irán), reconoció los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado». Cuando «países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad». Un buen líder político, subrayó, es el que, «teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios».

Basta de guerras y comercio de armas
Estar al servicio del diálogo y de la paz «significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas».

Apoyar a la familia amenazada
Y al final, la familia. «¡Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País! Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento -exclamo el Papa. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia».

Discurso al Congreso de Estados Unidos Papa Francisco

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¿ El matrimonio homosexual como derecho constitucional no tendrá consecuencias para la libertad religiosa de los ciudadanos?

Por: Benedetta Frigerio / Tempi.it | Fuente: Religión en Libertad

23 julio 2015

¿De verdad la sentencia del Tribunal Supremo que ha impuesto a todos los Estados Unidos el reconocimiento del matrimonio homosexual como derecho constitucional no tendrá consecuencias para la libertad religiosa de los ciudadanos?

Según la mayoría de los jueces favorables al veredicto, ha observado el jefe de los jueces John Roberts en su “dissenting opinion” , se «prevé que los creyentes podrán seguir “defendiendo” y “enseñando” su visión del matrimonio», porque «la Primera Enmienda tutela la libertad de “ejercer” la religión». ¿Cómo acabará el “vive y deja vivir” sobre el que se rige desde siempre el multiculturalismo americano?

David Crawford, profesor de teología moral, de derecho de la familia y de bioética en elInstituto Juan Pablo II de Washington, dice a Tempi.it que en América ya se respira «un clima totalitario», no dudando en llamar de este modo lo que está sucediendo a causa también de la «rendición silenciosa de los católicos» a la condición de «irrelevancia» imaginada para ellos por el poder.

Según Crawford, a los cristianos les queda sólo una posibilidad: «el martirio de la desobediencia, de la comunión y del abandono del individualismo, para la salvación de la fe y del mundo».

-Profesor Crawford, ¿cómo se ha llegado a la negación de cosas que deberían ser evidentes para todos?

-Ante todo, este cambio no es fruto del voto popular, sino de la decisión de un puñado de jueces. Aunque nos tenemos que preguntar cómo es posible que las presiones radicales de la revolución sexual, empezada en los años sesenta, hayan pasado a ser dominantes: ¿cómo es posible que en pocos años tantas personas hayan llegado a ser incapaces de reconocer lo que es obvio?

»La razón la encontramos en un proceso político y moral, muy anterior a la revolución sexual, que empezó con la modernidad: Descartes puso en duda la realidad sustituyendo el ser con la voluntad humana. Para él el cuerpo ya no era una parte estructural de la persona, sino un accesorio material; de este modo, dejó de tener un sentido y un fin determinante para el espíritu. A causa de esta separación se ha llegado a la negación de la diferencia sexual como factor determinante de la persona.

»La línea trazada por Descartes prosiguió con Bacon y Locke según los cuales la comunidad humana, en primer lugar la familia, no está fundada sobre la ley natural sino sobre un contrato artificial, exclusivamente dependiente de la voluntad cambiante del sujeto: en este visión, la comunidad y la familia ya no tienen ninguna protección objetiva del poder y de la ley positiva impuesta por la mayoría.

»Antes de la sentencia, en los Estados Unidos ya se había asistido a una serie de casos, algunos de ellos clamorosos, de personas aisladas despedidas y asaltadas por los medios de comunicación por ser consideradas “homófobas” por el simple hecho de tener una determinada visión del matrimonio. ¿Qué pasará ahora que el matrimonio entre personas del mismo sexo se ha convertido en un derecho constitucional?

»Antes de la sentencia muchos servicios y comercios que se habían negado a participar activamente en ceremonias entre personas del mismo sexo habían sido cerrados tras ser obligados a pagar multas o ser denunciados. El arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone, ha sido sometido a un campaña de odio por haber pedido a las escuelas católicas seguir la enseñanza de la Iglesia en lo que concierne a la moral.

»El estado de Indiana, tras una violenta presión por parte de los lobbies económicos, ha retirado la ley para proteger la objeción de conciencia. Varias personas, entre las cuales periodistas, docentes, empleados, militares, han sido despedidas por haber expresado su opinión sobre la familia.

»Ahora todo esto se convertirá en la norma porque ninguna empresa, escuela o institución pública podrá oponerse a esta nueva ideología sin ser considerada un enemigo del orden público. Por consiguiente, los cristianos tendrán dos opciones: o adaptarse o ser excluidos de la escena pública.

-¿Cómo es posible que un país nacido de hombres que huían de un poder que limitaba su libertad haya llegado a imponer una “dictadura del pensamiento único”?

-La ideología de género necesita que quién no la acepte sea considerado un beato intolerante. Todo esto es posible por lo que hemos mencionado antes: la distorsionada visión moderna acerca de qué es el ser humano y cuál es su destino. Si uno piensa que su destino depende de él mismo y no de un Creador, automáticamente el enemigo es aquel que quiere poner límites a su voluntad. Por consiguiente, la visión católica debe ser excluida del discurso público, lo que es realmente grave; la consecuencia de esto será la infelicidad y la destrucción de muchas personas.

»Sin embargo, hasta hace poco disentir estaba admitido.
La nueva ideología ha conseguido que se acepte una analogía falsa, que hace coincidir la lucha contra la segregación racial del movimiento de los derechos civiles de los años sesenta con la lucha de la liberalización de la homosexualidad. De este modo, también las escuelas y las instituciones privadas, que en esos años fueron obligadas a aceptar a personas de raza distinta, hoy estarán obligadas a admitir como algo normal la homosexualidad. Es evidente que el error está en la premisa, aceptada siempre a causa del equívoco moderno, porque si la raza es una característica innata, la homosexualidad en cambio es una inclinación que desemboca en un comportamiento elegido.

-En Estados Unidos asistimos a la creciente intrusión del Estado en diversos ámbitos. Basta pensar en el Obamacare, la reforma sanitaria de Obama, que prevé la obligación para todos los que ofrecen un empleo de ofrecer a sus empleados seguros médicos que incluyan el aborto y la anticoncepción. ¿Cómo justifica estas “invasiones” la opinión pública estadounidense, que ha sido siempre hostil al estatalismo?

– Creo que todo forma parte de la misma ideología totalitaria. La argumentación a favor de estas acciones es la misma que encontramos en la base de las motivaciones adoptadas por los cinco jueces del Tribunal Supremo que han decidido la sentencia sobre el matrimonio homosexual. También esto es fruto de la gran desintegración de la razón a causa de la cual ya no entendemos cuál es el fin de la persona y de la sexualidad: si se acepta que el fin principal del acto sexual ya no es la procreación, entonces los métodos anticonceptivos no sólo son legítimos, sino un derecho que hay que garantizar para todos. Lo mismo vale para las uniones homosexuales.

-¿Existe una alternativa a la adaptación a la corriente dominante?

-Es evidente que estamos entrando en un periodo verdaderamente difícil. Debemos ser conscientes de que nos costará ser católicos en los Estados Unidos, pero también en otros países occidentales. La alternativa a la rendición silenciosa o al compromiso es la desobediencia civil. Creo que nosotros, para no desaparecer o convertirnos al mundo, tenemos una única posibilidad: ser mártires, es decir, testimonios de la verdad incluso a costa de una tremenda persecución.

-«Yo moriré en la cama, mi sucesor morirá en la cárcel y su sucesor morirá mártir en una plaza pública». Esta célebre frase del cardenal de Boston, Francis George, ¿es realista?

-Sería demasiado fácil: emergería el carácter totalitario de esta ideología, que en cambio tiene un método peor. Como ha anunciado incluso el gobernador republicano de New Jersey, Chris Christie, si los sacerdotes, por ejemplo, se negaran a celebrar los “nuevos” matrimonios serían sencillamente privados de la posibilidad de hacerlo con efectos civiles. Todo así parece más aceptable y aparentemente indoloro.

-¿No ve usted ninguna posibilidad de diálogo?

-Con las personas sí. Pero hay que ser realistas: se puede dialogar sólo con quien está dispuesta a hablar y esto es algo imposible con un poder político que obedece a grupos de presión que no tienen ninguna intención de renunciar al propio objetivo totalitario. Debemos preguntarnos: ¿es razonable que el cuerpo sea sólo un artefacto biológico reducible a la voluntad o al deseo? Hay una tendencia a reducir el problema del ennoblecimiento de la homosexualidad a una cuestión moral, pero es más radical y profunda. El problema es sobre todo antropológico, un equívoco sobre qué es el ser humano.

-¿La desobediencia civil es un camino que se puede recorrer?

-Será necesario recorrerlo, porque nuestra vocación de cristianos es el amor al mundo: por lo tanto, tenemos que defenderlo recordando y reconduciéndolo a Dios. Y, como el Señor, tenemos que considerar la posibilidad del martirio que no es necesariamente el de la muerte en la cruz. Creo que las nuevas generaciones podrán conservar la fe sólo si la comunidad cristiana se une en esta lucha por la verdad, porque solos es imposible resistir frente a un poder tan violento.

-¿Piensa en las minorías creativas de las que hablaba el Papa Benedicto XVI?

-No pienso que como cristianos podemos retirarnos del mundo, aceptando un orden mundial legal que niega la creación y la verdad. Tolerar este régimen en silencio sería una traición a nuestra vocación de amor. Debemos ser testigos a toda costa. Por esto debemos reforzar la familia, la vida comunitaria, la vida de los movimientos eclesiales como Comunión y Liberación, por ejemplo. Y debemos educar, sin callar jamás la verdad y dirigiéndonos siempre al mundo, hacia el que tenemos una responsabilidad histórica.

-Parece una llamada a la conversión ésta que hace usted.

-Debemos convertirnos y, por lo tanto, profundizar la fe, renovarla. Debemos abandonar el individualismo y, por consiguiente, reforzar la oración y el sacrificio. Porque el modernismo nos ha afectado también a nosotros: hemos empezado a estar satisfechos de nuestra fe y a pensar que la cruz no era una parte tan necesaria de la misma. Y nos hemos debilitado: para salvar al mundo debemos imitar a Cristo y llevar la cruz con Él. La alternativa es rechazarla, apoyando al poder y perdiendo definitivamente la fe.

Lea aquí más historias sobre los efectos anti-libertad de la ideología de género, el lobby gay y la redefinición del matrimonio

(Traducción del italiano de Tempi.it por Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

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La Iglesia hoy | sección

Francisco en la fiesta de la Epifaní­a: Custodiemos la fe con la santa ‘astucia’

En la solemnidad de la Epifanía del Señor, el papa Francisco ha celebrado esta mañana, a las 10 horas, la Santa Misa en la basílica vaticana.

A continuación les ofrecemos el texto completo de la homilía que el santo padre ha pronunciado después de la proclamación del Evangelio y el anuncio del día de Pascua, que este año se celebrará el 20 de abril.

«Lumen requirunt lumine». Esta sugerente expresión de un himno litúrgico de la Epifanía se refiere a la experiencia de los Magos: siguiendo una luz, buscan la Luz. La estrella que aparece en el cielo enciende en su mente y en su corazón una luz que los lleva a buscar la gran Luz de Cristo. Los Magos siguen fielmente aquella luz que los ilumina interiormente y encuentran al Señor.

En este recorrido que hacen los Magos de Oriente está simbolizado el destino de todo hombre: nuestra vida es un camino, iluminados por luces que nos permiten entrever el sendero, hasta encontrar la plenitud de la verdad y del amor, que nosotros cristianos reconocemos en Jesús, Luz del mundo. Y todo hombre, como los Magos, tiene a disposición dos grandes “libros” de los que sacar los signos para orientarse en su peregrinación: el libro de la creación y el libro de las Sagradas Escrituras. Lo importante es estar atentos, vigilantes, escuchar a Dios que nos habla. Como dice el Salmo, refiriéndose a la Ley del Señor: «Lámpara es tu palabra para mis pasos, / luz en mi sendero» (Sal 119,105). Sobre todo, escuchar el Evangelio, leerlo, meditarlo y convertirlo en alimento espiritual nos permite encontrar a Jesús vivo, hacer experiencia de Él y de su amor.

En la primera Lectura resuena, por boca del profeta Isaías, el llamado de Dios a Jerusalén: «¡Levántate, brilla!» (60,1). Jerusalén está llamada a ser la ciudad de la luz, que refleja en el mundo la luz de Dios y ayuda a los hombres a seguir sus caminos. Ésta es la vocación y la misión del Pueblo de Dios en el mundo. Pero Jerusalén puede desatender esta llamada del Señor. Nos dice el Evangelio que los Magos, cuando llegaron a Jerusalén, de momento perdieron de vista la estrella. No la veían más.

En especial, su luz falta en el palacio del rey Herodes: aquella mansión es tenebrosa, en ella reinan la oscuridad, la desconfianza, el miedo. De hecho, Herodes se muestra receloso e inquieto por el nacimiento de un frágil Niño, al que ve como un rival. En realidad, Jesús no ha venido a derrocarlo a él, ridículo fantoche, sino al Príncipe de este mundo. Sin embargo, el rey y sus consejeros sienten que el entramado de su poder se resquebraja, temen que cambien las reglas de juego, que las apariencias queden desenmascaradas. Todo un mundo edificado sobre el poder, el prestigio y el tener, entra en crisis por un Niño. Y Herodes llega incluso a matar a los niños: «Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón» – escribe san Quodvultdeus (Sermón 2 sobre el SímboloPL 40, 655). Es así. Tenía miedo y, por este miedo, ha enloquecido.

Los Magos consiguieron superar aquel momento crítico de oscuridad en el palacio de Herodes, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra de los profetas que señalaba Belén como el lugar donde había de nacer el Mesías. Así escaparon al letargo de la noche del mundo, reemprendieron su camino y de pronto vieron nuevamente la estrella, llenándose de «inmensa alegría» (Mt 2,10).

Un aspecto de la luz que nos guía en el camino de la fe es también la santa “astucia”, que también es una virtud. Ellos, con esta santa astucia, han custodiado la fe. También nosotros debemos custodiar la fe ante una oscuridad disfrazada de luz. El demonio se viste de ángel de luz muchas veces. A nosotros nos toca custodiar la fe de los cantos de sirena. La fe es una gracia y un don. Nos toca custodiarla con la santa astucia, con la oración y con la caridad. Se trata de esa sagacidad espiritual que nos permite reconocer los peligros y evitarlos. Los Magos supieron usar esta luz de “astucia” cuando, de regreso a su tierra, decidieron no pasar por el palacio tenebroso de Herodes, sino marchar por otro camino. Estos sabios venidos de Oriente nos enseñan a no caer en las asechanzas de las tinieblas y a defendernos de la oscuridad que pretende cubrir nuestra vida. Es necesario acoger en nuestro corazón la luz de Dios y, al mismo tiempo, practicar aquella astucia espiritual que sabe armonizar la sencillez con la sagacidad, como Jesús pide a sus discípulos: «Sean sagaces como serpientes y simples como palomas» (Mt 10,16).

En esta fiesta de la Epifanía, que nos recuerda la manifestación de Jesús a la humanidad en el rostro de un Niño, sintamos cerca a los Magos, como sabios compañeros de camino. Su ejemplo nos anima a levantar los ojos a la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón. Nos enseñan a no contentarnos con una vida mediocre, de “poco calado”, sino a dejarnos fascinar siempre por la bondad, la verdad, la belleza… por Dios, que es todo eso en modo siempre mayor. Y nos enseñan a no dejarnos engañar por las apariencias, por aquello que para el mundo es grande, sabio, poderoso. No nos podemos quedar ahí. No podemos contentarnos con las apariencias, con la fachada. Tenemos que ir más allá, hacia Belén, allí donde en la sencillez de una casa de la periferia, entre una mamá y un papá llenos de amor y de fe, resplandece el Sol que nace de lo alto, el Rey del universo. A ejemplo de los Magos, con nuestras pequeñas luces buscamos la Luz. Busquemos la Luz y custodiemos la fe. Así sea.

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